Genuflexiones

LA HUMILDAD Y LA CARIDAD VAN DE LA MANO: UNA GLORIFICA Y LA OTRA SANTIFICA. SAN P. PÍO

Cuando aparece por primera vez en Fátima, “el ángel, arrodillado en tierra, inclinó la frente hasta el suelo y nos hizo repetir la siguiente oración”. Los niños lo imitaron. “El ángel asume una actitud que asocia el cuerpo a la oración, concretando una expresión de humildad y de reverencia. La pedagogía ascética del ángel tiende a transmitir a los pastorcitos un tipo de oración que es la más alta, en la gama de la calidad de la oración. ¿Por qué? La oración más oración de Jesús fue la de su crucifixión, cuando todo en Él, alma y cuerpo, en una globalidad y profundidad superlativa, era exclusivamente la oración que realizó la redención universal. El Jesús del Viernes Santo expresó la oración más alta de la humanidad. Por eso alma y cuerpo, en la condición de víctima, articulan la oración más poderosa de la que es capaz el hombre, aquella que propicia, repara, convierte, vence siempre y doblega a Dios” [de Fátima, mensaje para nuestro tiempo, de Don Nello Castello].

La oración verdaderamente antropocéntrica es la que parte del centro del hombre, su corazón, e involucra a la persona en su globalidad, por tanto también en su cuerpo, en una actitud afectuosa de sumisión total. No hay motivo para avergonzarse de hacer la oración de reverencia. Sucede así también cuando realizamos la invocación al Espíritu Santo extendiendo los brazos hacia adelante y con las palmas de las manos hacia arriba, en una petición de luz que, por la forma en que se hace, nos hace ser como niños que esperan del PADRE.

La oración de reverencia está hecha de genuflexiones, inclinaciones, postraciones, y tiene valor también porque implica sentimientos de indignidad, aniquilación de sí mismo, de adoración. Y ayuda a todos a creer que se está delante del Cordero de Dios, porque se hace delante del sagrario, postrados ante el altar, con la cabeza lo más cerca posible del suelo en la actitud adoptada por el Ángel de la Paz (del próximo libro de Sor Angela Musolesi).

Un fruto es hijo de la luz; solo si hay luz un fruto nace y madura.

La valía de “Los Hijos de la Luz” se debe también a nuestra total adhesión a la doctrina de la Iglesia y a cómo ponemos en práctica las oraciones de sanación y las oraciones de liberación.

¿Por qué se dice que Jesús es luz de las gentes? Porque la luz es portadora de alegría, de gozo. Cualquiera puede experimentarlo dentro de sí. Dios es alegría infinita y Jesús ha venido a mostrarnos el camino para llegar a Dios Padre, que es misericordia infinita, pero también rigor, vigor y esplendor. Nosotros, hijos de la Luz, nos proponemos adherirnos enteramente y sin reservas a las palabras de Jesús, y por lo tanto nos comprometemos a poner en práctica Su misericordia. Entonces la gloria de Dios brillará sobre nosotros, Su luz se derramará sobre nosotros, porque Su fuerza es una fuerza de riqueza de misericordia.